Inicio | > Historia

Historia

 


  

La historia de la colección municipal cuenta con unos antecedentes que se remontan al último tercio del siglo XIX, cuando el Ayuntamiento de Málaga toma la decisión de crear un Museo Municipal para dar cabida a una serie de cuadros que había ido adquiriendo durante esos años.
 En siglos anteriores podemos encontrar algunos precedentes en materia patrimonial. Desde la toma de la ciudad por los Reyes Católicos, el 18 de agosto de 1487, la Corona de Castilla y la asimilación de la ciudad a ella, generó una documentación que constituyen las primeras piezas de bienes patrimoniales del Ayuntamiento de Málaga. A partir de ahí, por encargos directos o donaciones, una amplia variedad de bienes muebles e inmuebles han ido conformado la Colección del Patrimonio Municipal, compuesta por espacios naturales, bienes inmuebles y muebles de carácter histórico, artístico, documental y bibliográfico. En su conjunto, consta de más de 4.000 obras sin contar los fondos archivísticos y bibliográficos.
De la Edad Moderna se conservan pocas obras, aunque la promoción artística del Ayuntamiento de Málaga fue constante desde su fundación en respuesta, principalmente, a atender las necesidades devocionales de la población. Entre las piezas de mayor relevancia de la colección destaca Los desposorios místicos de Santa Margarita  de Franceso Mazzola “il Parmigianino”, donada por el súbdito inglés B. Newbery para el Hospital Noble tras hacerse cargo de la construcción y financiación de dicho inmueble
 El conjunto de bienes muebles pertenecientes al siglo XIX es el que hace que la colección municipal adquiera especial relevancia.
La colección municipal cuenta con cincuenta y cuatro obras pertenecientes al siglo XIX. El origen de su pertenencia se debe a diferentes circunstancias, siempre enlazada con la voluntad del Ayuntamiento por proteger y fomentar el arte y a los artistas locales. Los cenacheros (Talavera, Nido, Herrera y Grarite), los arrieros (Grarite, Blanco Coris), las obras que participaron en la exposición promovida por el Ayuntamiento de Málaga en 1880 y realizadas por jóvenes alumnos de la Escuela de Bellas Artes (Blanco Coris, Blanco Merino, Buzo, Guillermo Gómez Gil, Félix Iniesta, Pedro Iniesta, Moreno Carbonero, Reyna) y las adquisiciones a Federico Ferrándiz (Los Gaitanes) y José Ponce (La religión comprende al genio), corresponden a al iniciativa de fomentar el ejercicio de las Bellas Artes y motivar jóvenes vocaciones. Los encargos realizados a Denis (Retrato de María de la Mercedes), Emilio Ocón (Crepúsculo en el Puerto de Málaga) Martínez de la Vega (sin determinar), José Ruiz Blanco (Un palomar), Bracho Murillo (Floreros), Bernardo Ferrándiz (El alegato), Horacio Lengo (1878, Gitana, 1880 Una Moraga), Serafín Martínez del Rincón (La Peña de los Enamorados) y Javier Cappa (una Antesala), son fruto de un deseo de proteger el arte local y de reconocimiento a sus principales autores.
Otros cuadros forman parte de la colección por su aceptación tras el ofrecimiento insistente del artista. Este es el caso de La llegada rey Alfonso XII al puerto de Málaga de Herrera y Velasco, Madroños de Juan Oliver Copons y Frutero de Leonardo Camps.
Por último, otras piezas entraron como consecuencia de otros criterios. Por ejemplo, en 1882 se compra Un Piropo de Leoncio Talavera ante la insistencia de su propietario, el notario José Franquelo, que lo había dejado en depósito en el Museo con opción a acceder a la propiedad previa compensación económica. En 1882 se acepta el Retrato de Barroso de Manuel Torres y en 1892 Pidiendo auxilio de Verdugo Landi por el vínculo que el pintor había adquirido con el Ayuntamiento a aceptar dirigir el Museo Municipal gratuitamente. Por último, en 1894 se compra Paseo en barca de Guillermo Gómez Gil por ... el deseo de alentar estudios a los artistas de esta ciudad que ofrecen porvenir...
El objetivo de protección a los familiares de artistas tras la muerte de éstos, es otra de las razones por la que la colección se incrementa. Este sería el caso de la obra Pato muerto de José Denis, expuesta en la exposición de Bellas Artes de 1915 y comprada a la viuda tras la muerte del pintor.
Otras piezas han entrado por razones de correspondencia con el Ayuntamiento. Así, tras la muerte de Carlos de Haes, la Corporación acuerda darle el nombre de una calle al pintor y sus herederos, en agradecimiento, regalan Restos de un naufragio, Napolitana y Tropezón en el coro de la catedral de Málaga de Enrique Simonet y Lombardo.
En cuanto a las esculturas sólo podemos hablar de tres, Peregrinos de Casasola es un relieve en barro que entrega como muestra de los resultados de los trabajos de pensionado, Busto de Moreno Carbonero de Mariano Benlliure, regalo del autor, boceto del que hizo en bronce para el monumento que se proyecta al pintor y que resume todas las claves del género en el país y una Alegoría en bronce, también de Benlliure, que adornaba los pedestales sobre los que descansa la figura de Marqués de Larios en el Monumento que el valenciano le hizo y que, perdido durante muchos años, se ha recuperado recientemente.
El grupo formado por piezas del siglo XX es el conjunto más númeroso. Como en las etapas anteriores hay que hablar de pertenencia a la colección por donaciones y adquisiciones.
Desde principios de siglo se retoma el factor medioambiental como el mejor exponente de la identidad local y se canaliza mediante el fomento y estructuración de la industria turística, circunstancias que condiciona la dinámica cultural especialmente la patrimonial, ya que las iniciativas por recuperar, mantener y difundir el patrimonio monumental malagueño se condicionaba a sus posibilidades de refuerzo de la creación de una imagen que sirviera de atracción turística.
La colección de pintura se vio incrementada por la inclusión de piezas que entraron por diversas razones. La más importante fue a consecuencia de la donación de Muñoz Degrain, gesto motivado por eso continuos lazos de afecto y reconocimiento que el Ayuntamiento le dispensó desde que se afincó en Málaga. Se tiene constancia documental de la donación de una de sus últimas obras, Los de Igueriben mueren, que recrea un episodio de la guerra de África protagonizada por el malagueño comandante Benítez.
 Paralelamente a la recepción de donaciones, se mantuvo la protección a las artes mediante la concesión de las instituidas pensiones de formación a jóvenes autores. Esa es la razón para que en la colección figuren la copia del Testamento de Rosales, El viejo de la rifa (1928) de Ceferino Castro, El viejo del chascarral y Autorretrato  de Jiménez Niebla a quien se le concedió la pensión en 1921; Consolad al triste de Juan Eugenio Mingorance Navas que la disfrutó a partir de 1922, de Antonio Cañete Desnudo y Paisaje, muestra de la pensión que loa otorga en 1926. Manuel Mingorance Acién en 1943 fue el primer pensionado después de la Guerra Civil, que firma en 1948, Escribidme una carta señor cura y un Desnudo; Félix Revello de Toro, el último pensionado, disfruta la beca a partir de 1944 y envía como resultado de su aprendizaje Escribidme una carta señor cura (1945), Desnudo (1948) y Niño enfermo (1949).
 Después de la Guerra Civil, se mantiene la ausencia de una política cultura planificada, salpicada de gestos como el de crear una Galería de Retratos de Alcaldes. Junto a ellos, y ante la necesidad de cubrir la publicidad de carácter festivos como las ferias, festejos de invierno o corridas de toros, se generó la colección de carteles, cuyos originales engrosaron la colección mediante concurso, siempre financiados por la corporación.
 A partir de los años sesenta Málaga sufre una reconversión económica debido al turismo que empieza a llegar masivamente a la costa. Desde el punto de vista patrimonial supuso la degradación del Centro Histórico, pues una desmedida especulación del suelo no respetó parte del caserío histórico del centro, que fue dejando paso a edificios sin personalidad ni calidad. Esto indica un desconocimiento absoluto de los valores patrimoniales de ese centro histórico y una falta de respeto por la cultura artística del lugar.
 En las últimas décadas del siglo XX, se produce el primer gesto de sociabilizar el patrimonio municipal y se promueve la I Muestra de obras pictóricas de la Casa Capitular, una iniciativa que se repite en 1990, cuando en las actividades que se programan para celebrar el quinto centenario de la constitución del primer ayuntamiento de Málaga se inaugura una muestra en la que se exhibe el Patrimonio Artístico y Monumental de Málaga, exposición que se complementará con la organizada en 2011 titulada: Pasado y presente en el Patrimonio artístico municipal, 1881-2001, impulsada por la petición ciudadana y de los grupos municipales y en donde se daba a conocer nuevas adquisiciones y puesta en valor realizadas sobre la colección histórica. Estas exposiciones constituyen los antecedentes de la iniciativa de crear el Museo del Patrimonio Municipal.
 En conclusión, la colección de obra plástica municipal es de una singular importancia, por la representatividad de las firmas que la componen y por la variedad técnica, estilística y estética que están presentes en ella, por lo que su puesta en valor y acercamiento a la ciudadanía era una iniciativa necesaria. Unida a otras colecciones, públicas o privadas contribuye a hacer de Málaga una ciudad para la cultura.
 
Teresa Sauret Guerrero
Política Cultural y Coleccionismo
 Municipal. La Colección de obra plástica
 del Ayuntamiento de Málaga, Área   de
 Cultura del Ayuntamiento de Málaga, 2007.