SALA I

SALA I

Esta sala está dedicada a piezas de los siglos XV al XVIII de la historia de la Ciudad. En ella tienen cabida bienes documentales, bibliográficos, grabados, artes suntuarias y artes plásticas. Las  unidades temáticas que contiene son las siguientes: 

LOS SÍMBOLOS DE LA CIUDAD

El escudo y el pendón

 El 19 de agosto de 1487, Málaga fue conquistada por los Reyes Católicos e incorporada a la Corona de Castilla. Pronto se implantaron los nuevos organismos de gobierno, destacando el Ayuntamiento en junio de 1489. Este solicitó pronto a los reyes que dotasen de “armas e sello que han de usar”. Por Real Cédula de 30 de agosto de 1494 se concedió a Málaga su escudo. El 20 de diciembre de 1495, se autorizaría el uso de pendón o bandera sobre cuyos colores verde y morado se bordaría el escudo y que se utiliza en procesiones o cortejos solemnes. A lo largo de más de 500 años, estos emblemas fueron enriqueciéndose sufriendo alteraciones y variantes hasta llegar al actual logo. Los elementos iconográficos originales fueron el propio recinto amurallado, el Castillo de Gibralfaro con los cautivos cristianos en su interior, las imágenes de los patronos San Ciriaco y Santa Paula y el Mediterráneo. A la antigua leyenda “Muy Noble y Leal” y el “Tanto Monta” de los Reyes Católicos, se le añadirían, desde mediados del siglo XIX, los títulos de “Siempre denodada”, “La primera en el peligro de la libertad”, “Muy hospitalaria” y “Muy benéfica” en recompensa por la actitud cívica y la participación de los malagueños en relevantes episodios históricos.

LAS FIESTAS BARROCAS

Las grandes celebraciones y sus protagonistas: la religión y la monarquía

Durante el Renacimiento y el Barroco, Málaga celebró con gran solemnidad grandes festejos, tanto anuales como extraordinarios. La ciudad se transformaba y engalanaba con arquitecturas efímeras. Las luminarias con antorchas en las fachadas y los fuegos artificiales contribuían a crear una realidad virtual al servicio de la Monarquía y del Catolicismo. Entre los festejos anuales destacaron los dedicados al Corpus, a los Santos Patronos Ciriaco y Paula y a la Reconquista. A éstos habría que añadir celebraciones religiosas extraordinarias, como la organizada en 1654 donde el Ayuntamiento y el Cabildo Catedralicio juraron defender el Misterio de la Inmaculada, culminando con una procesión donde desfiló el Simpecado que puede contemplarse en la sala. La Monarquía fue también protagonista, con motivo de victorias militares, nacimientos, proclamaciones o fallecimientos de reyes. En este último caso se erigían en la Catedral espectaculares túmulos. Se muestran en la sala los planos de los construidos con ocasión de los fallecimientos de Felipe III y del príncipe Baltasar Carlos. El Ayuntamiento siempre estuvo representado con el pendón o bandera bajo las mazas de plata que en la sala se exponen. Los libros de fiestas como los que pueden verse en la vitrina nos relatan pormenorizadamente estas costosas celebraciones donde no faltaban la Tarasca en el Corpus, los carros o “rocas”, los “toros y cañas”, el baile y la música.

LA EVOLUCIÓN DE LA CIUDAD

La trama y el crecimiento urbano

 En 1487, Málaga contaba con 15.000 habitantes. Disponía de un sistema defensivo imponente basado en la Alcazaba y Gibralfaro y en sus murallas. Su caserío estaba marcado por la horizontalidad. Solo los alminares sobresalían, especialmente el de la Mezquita Aljama. Sus calles eran estrechas y laberínticas. Del aspecto que presentaba la ciudad entonces tan sólo nos queda la interpretación que nos ofrece un dibujo de Emilio de la Cerda realizado en el XIX y que se expone en la sala. Durante la Edad Moderna, la ciudad creció hasta superar los 50.000 habitantes pese a devastadoras epidemias. Se acometieron importantes reformas urbanas. Así se amplió y regularizó la actual plaza de la Constitución donde se estableció el Ayuntamiento. Este espacio se comunicó con el puerto abriendo la calle Nueva. El perímetro amurallado fue rebasado y sustituido por las actuales calles de Carretería y Álamos. El Perchel, la Trinidad o Capuchinos crecieron al amparo de los conventos allí establecidos. Antes se habían abierto nuevos accesos en la muralla, como la Puerta Nueva. La Mezquita Aljama se convirtió en la Catedral y las principales mezquitas se transformaron en las primeras parroquias. Se ampliaron el puerto y las atarazanas... El cartógrafo José Carrión de Mula dibujó en 1791 el plano de Málaga más detallado e importante de todos los tiempos y que se muestra en esta sala.

GUERRA Y DEFENSA

Conflictos bélicos

Málaga fue frontera defensiva durante la Edad Moderna, sufriendo la constante amenaza de piratas y corsarios berberiscos, así como de las armadas de otros países. La preocupación por reforzar su defensa fue constante. Durante el siglo XVI se contaba, además de con la Alcazaba y Gibralfaro, con una muralla a lo largo de la costa y tres fortalezas: la Torre de los Genoveses, otra junto a la Puerta del Mar y la Torre Gorda. Luego se construirían los fuertes de San Lorenzo, el de Santa Isabel, el de San Simón y el de San Andrés hacia poniente donde se ubicaba el cañón expuesto, así como los de Santa Catalina, San Felipe y la Batería de San Nicolás hacia levante. Por su parte, el puerto constituyó un importantísimo punto de embarque de tropas, armas y avituallamientos con destino a Italia y al norte de África. Por aquí pasaban continuamente regimientos y navíos. La ciudad sufrió en ocasiones bombardeos, como el de 1693. Durante la Guerra de Sucesión, una flota angloholandesa se dirigió hacia Málaga tras tomar Gibraltar en agosto de 1704. Se dispuso la evacuación de las monjas y de la plata de las iglesias. La llegada de una escuadra francesa evitó la invasión. Se produjo con resultado incierto la Batalla Naval de Málaga frente a las costas de Vélez, que quedó inmortalizada en este grabado.

LA CIUDAD CONVENTUAL

Proliferación y auge de monasterios y conventos

Desde finales del siglo XV, Málaga asiste a la fundación de numerosísimos monasterios y conventos que ocuparon los mejores solares tanto dentro como fuera de las murallas.  Su poder económico y su influencia social y artística fue enorme. La fisonomía de Málaga se transformó. Abundancia de campanarios, presencia de tapias de huertos y recintos monacales, continuo tañido de campanas, presencia de monjes y frailes en las calles. Estos difundieron devociones, crearon cofradías y hermandades y pusieron en marcha iniciativas docentes y de asistencia social. Se erigieron un total de 25 cenobios masculinos y femeninos, habitados por dos mil frailes y monjas, casi un 5% de la población. Destacaron por su riqueza y monumentalidad los levantados fuera de las murallas: La Merced y la Victoria al norte, el de Capuchinos en el noroeste, el de San Francisco o San Luis el Real, el de la Trinidad, el del Carmen y el de Santo Domingo al oeste, que dieron lugar a populosos barrios. Grandes clientes de arquitectos, escultores, pintores y plateros, frailes y monjas construyeron  templos, claustros y espadañas. En ocasiones  disponían un “compás” o amplio recinto de entrada donde podía situarse una imagen devocional, como la Inmaculada del Convento de San Pedro de Alcántara que se expone en la sala.

 

 ARTE Y DEVOCIÓN

Los Desposorios místicos de Santa Margarita de Il Parmigianino, una obra maestra

 Atribuida a Girolamo Francesco Mazzola, más conocido como Il Parmigianino (Parma, 1503-Casal Maggiore, 1540), Los Desposorios místicos de Santa Margarita es un magnífico ejemplo representativo del primer Manierismo italiano y una de las mejores piezas del patrimonio artístico del Ayuntamiento de Málaga. En 1529, durante su periodo boloñés, Il Parmigianino realiza esta espléndida composición pictórica para la iglesia de Santa Margarita de Bolonia. Es una clara muestra de su característica elegancia y del artificio y colorido irreal procedentes de la influencia de su maestro, Il Correggio, unido a la búsqueda de belleza mediante la distorsión y alargamiento de las figuras y a la lánguida dulzura, presente en las miradas de la santa y del Cristo niño y en la leve sonrisa del arcángel san Miguel. En la composición de figuras, encastradas casi como en una labor de orfebrería, destaca la de Santa Margarita en su sacra conversazione con el Cristo niño sobre la horizontal del resto de las figuras que termina en las de san Jerónimo y san Agustín, con el destacado volumen de la Madonna, que delicadamente baja la vista.   En 1815, devuelta al Ayuntamiento de Roma tras su robo durante los saqueos de las tropas de Napoleón, fue expuesta en la Pinacoteca Nacional de Bolonia como una de sus obras más famosas. Después fue adquirida por Guillermo B. Newbery que, en 1870, la dona a la capilla del Hospital Noble de Málaga.

 

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